
Hay momentos en los que sabemos exactamente qué queremos hacer, pero aun así no actuamos. Tenemos una idea, un proyecto, una decisión pendiente, una conversación que necesitamos entablar o un camino que queremos comenzar. Lo pensamos, lo planeamos, investigamos, corregimos y esperamos. Esperamos a sentirnos preparados, a tener más confianza, a saber, exactamente qué hacer, a que desaparezca el miedo… Y, mientras esperamos, el tiempo pasa.
A veces creemos que lo que nos detiene es la falta de capacidad; otras veces pensamos que necesitamos más conocimiento, más experiencia o mejores condiciones. Pero en muchas ocasiones el obstáculo no está en aquello que queremos hacer, sino en la relación que hemos construido con la posibilidad de equivocarnos. El miedo aparece cuando algo nos importa y es por eso que empezar implica exponernos a un resultado que no podemos controlar completamente. Podemos equivocarnos, ser cuestionados, descubrir que no somos tan buenos como esperábamos o simplemente comprobar que aquello que imaginábamos no funciona. Por eso, elaboramos estrategias para intentar protegernos de esa incertidumbre. Una de las formas más eficaces de hacerlo es postergar: Todavía no, cuando tenga más tiempo, cuando esté mejor preparado, cuando sepa exactamente cómo hacerlo, cuando tenga más confianza.
El problema es que convertimos la preparación en una manera sofisticada de evitar la acción y entonces confundimos prudencia con miedo, perfeccionismo con excelencia y preparación con postergación.
La trampa de hacerlo perfecto
El perfeccionismo puede parecer una búsqueda de excelencia, pero no siempre nace de ella. En ocasiones, detrás de la necesidad de hacerlo perfecto existe una dificultad para tolerar el error. Si algo tiene que salir bien desde el comienzo, entonces empezar se vuelve amenazante, porque mientras no empezamos todavía podemos imaginar que somos capaces. Cuando comenzamos, en cambio, aparece la posibilidad de comprobarlo. Ante esta encrucijada resulta más útil preguntarse ¿Qué nivel de imperfección estoy dispuesto a tolerar para poder empezar? Y es que no se trata de hacer las cosas de cualquier manera, sino de comprender que aprender, crear y avanzar necesariamente implica atravesar una etapa en la que todavía no dominamos aquello que estamos haciendo.
Recuerda: El primer intento no tiene la obligación de parecerse al resultado final.
¿Y si no soy bueno?
Toda persona puede tener conocimientos e incluso resultados objetivos que respalden su capacidad y, aun así, sentir que en algún momento los demás descubrirán que en realidad no sabe tanto. El problema es que esperar a sentirnos completamente legítimos puede mantenernos detenidos indefinidamente. Porque la seguridad no siempre aparece antes de la acción, muchas veces se forja después. Comenzamos con dudas, hacemos algo, aprendemos, recibimos retroalimentación, corregimos y volvemos a intentarlo. Poco a poco, la experiencia empieza a proporcionar evidencia de aquello que antes solo podíamos imaginar. La confianza, entonces, deja de ser una condición para actuar y empieza a convertirse en una consecuencia de haber actuado.
Aprendamos a tolerar no saberlo todo.
Quizás una de las mayores dificultades de comenzar algo nuevo es aceptar que durante un tiempo vamos a ser principiantes. No saber todavía, no tener todas las respuestas, hacer preguntas, cambiar de opinión, equivocarnos, volver a empezar.
La identidad también se transforma en ese proceso. Porque no solamente construimos un proyecto, una profesión o una nueva etapa de vida. También construimos una versión de nosotros mismos capaz de habitar ese nuevo lugar. Por eso, comenzar no es solamente hacer algo por primera vez, es permitirnos descubrir quién podemos llegar a ser mientras lo hacemos.
¿Qué hacer con el miedo?
Quizás no necesitamos eliminarlo, podemos aprender a avanzar con él haciendo ajustes en aquello que debemos hacer como reducir el tamaño del paso hasta convertirlo en algo posible. Por ejemplo, iniciar la creación el documento sin exigirnos terminar el proyecto; aprender algo nuevo sin la necesidad de convertirnos en expertos o explorar una posibilidad sin pretender que está definirá nuestra trayectoria. Se trata de actuar sin tener la certeza del resultado, pero estando suficientemente dispuestos a realizar el esfuerzo que implica hacerlo. Porque a veces esperamos que llegue el momento en que desaparezcan todas las dudas para comenzar y ese momento puede no llegar.
No necesitamos tener garantizado el camino para recorrerlo, a veces, el primer paso no demuestra que estamos preparados, sino que decidimos empezar a hacerlo.

Hablas de que no hacemos por el miedo a equivocarnos, siento que procrastino mucho. Cómo podría salir de ese bucle?
Podrías ahondar en el tema de sabotear nuestras propias habilidades, siento que eso es paralizante a la hora de iniciar…


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